Una vuelta al mundo y tres días de suspensión judicial con efectos durante 30 años

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La disposición adicional cuarta del ya famoso Real Decreto 463/2020, 14 de marzo, estableció la suspensión de la prescripción de cualesquiera acciones y derechos hasta nuevo aviso.

Después de ochenta y tres días naturales, el pasado jueves 4 de junio de 2020 se alzó la suspensión. Ochenta y tres días en los que, jurídicamente, no ha pasado el tiempo.

Todos sabemos que la interrupción es bien diferente de la suspensión de los plazos. Con la primera, el tiempo tiene que volver a contarse desde el inicio, como de hecho ha ocurrido con los plazos procesales, que incluso en ocasiones se han duplicado. La segunda, y es por ésta por la que se ha decantado el Gobierno para la prescripción, “no resta eficacia al tiempo ya transcurrido, de forma que el cómputo del plazo simplemente se reanuda”, en palabras del Tribunal Supremo.  

Así, si antes del estado de alarma me quedaba un mes para que prescribiera la acción de tres años para exigir el pago de una factura, ahora ese mes se reanudará el 5 de junio de 2020. 

En el mismo sentido, la prescripción de muchas deudas que se preveía para próximo el 7 de octubre de 2020 debido a la modificación del plazo general del Código Civil -que pasó de 15 a 5 años-, ahora prescribirán el próximo 29 de diciembre de 2020.

El cálculo para la nueva normalidad judicial es sencillo:

Plazo inicial + 83 días naturales = Plazo post Covid-19

Si Marty McFly regresara del futuro nos aconsejaría que memorizáramos esta fórmula secreta.

Con suerte, durante los próximos cinco, veinte y treinta años, seguiremos acompañando a nuestros clientes en sus relaciones comerciales y querremos asesorarles y defender sus intereses ante acciones reales sobre bienes inmuebles, acciones hipotecarias, personales en general o, incluso, ante acciones penal-económicas. 

Ahora lo tenemos muy presente porque nos bombardean con noticias todos los días. Pero recordad que todos aquellos plazos de prescripción que se iniciaron antes del estado de alarma ya no finalizarán a los cinco, veinte o treinta años -como aprendimos en la Universidad y hemos aplicado durante nuestra experiencia profesional-, sino que lo harán a los cinco, veinte o treinta años más ochenta y tres días. Una vuelta al mundo y tres días.


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