Ser testigo desde el sofá de casa (y en zapatillas)

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La situación causada por el Covid-19 va a revolucionar muchos aspectos de nuestras vidas. Uno de ellos va a estar relacionado con la forma de tramitar un procedimiento judicial, en especial, los actos de juicio, comparecencias, declaraciones y vistas -y, en general, todos los actos procesales-, dado que conforme al RD-ley 16/2020, de 28 de abril, podrán realizarse de forma telemática con alguna exclusión en el ámbito penal. Es una medida vigente para el estado de alarma y los 3 meses posteriores (es decir, 4 de septiembre), si bien, aunque no se prorrogue, es notorio que es un primer paso hacia un nuevo escenario. Y hay muchos Juzgados que ya lo están aplicando.

Todo ello viene a limitar la transcendencia de la solemnidad (como los estrados, togas, la presencia ante la autoridad, etc.) como símbolo de la autoridad que corresponde al Juez y a cuestionar la vigencia de principios procesales tan consolidados como el de audiencia pública, la inmediación o la unidad de acto, además de que se celebre un juicio con todas las garantías.  Hemos vivido la transformación de un procedimiento rígido en el que casi todo era escrito y donde las preguntas tenían que venir previamente formuladas en papel a un procedimiento más ágil desde 2001 y hasta hoy con predominio de la oralidad y las grabaciones (aunque, p.ej., los recursos de apelación perdieron su oralidad al limitarse las vistas), y ahora un nuevo mundo en el que la distancia tendrá un mayor protagonismo. Es verdad que actualmente se celebran testificales a distancia en otros partidos judiciales o por escrito, pero esto es distinto, con mucho mayor calado.

Por otro lado, surgirán problemas en cuanto a la identidad de los intervinientes, la conexión informática por congelarse la voz o la imagen, o directamente cortarse la comunicación, voluntaria o no, siendo así un motivo añadido para el retraso del procedimiento, y existirá el riesgo de que un testigo se vea instruido por un tercero sin que nadie se entere. Además, tanto los Letrados como el propio Juez dejarán de percibir con total nitidez detalles tan relevantes como la actitud, los nervios, los gestos, en definitiva, la forma de responder de los testigos y declarantes, mucho más visible en una declaración presencial, tan relevantes para poder atisbar la veracidad de sus palabras, que por otra parte no siempre es fácil de intuir, y a priori será menos fluido el diálogo con preguntas y réplicas.

Y los propios Letrados perderemos de forma notoria nuestra capacidad de influir en la decisión de los Jueces mediante los gestos, la modulación de la voz, la vehemencia, el énfasis, en fin, técnicas de oratoria que quedarán diluidas ante la distancia que nos separará.

Todo ello indefectiblemente llevará a una mayor objetivación de los procesos, donde factores externos no sean tan relevantes, o donde aparezcan otros que sí lo son, y probablemente a una menor influencia del Letrado, con la ventaja en unos casos de no enmascarar tanto la verdad y la desventaja en otros de no poder exponerla lo mejor posible. Evidentemente nos quedará la estrategia procesal y la forma de redactar y exponer un asunto con nuestras demandas o escritos en general, pero perderemos un factor tan transcendente como es actuar presencialmente ante los Tribunales. Y esto implicará que en teoría las decisiones judiciales sean más asépticas y objetivas, despojadas del ornato que rodea a una declaración o una exposición en directo, aunque a cambio se perderá el pulso de la veracidad de una declaración.

En mi opinión, las vistas con interrogatorio de partes o testigos no deberían celebrarse de forma telemática. Hemos comprobado que las reuniones mediante videoconferencia son una gran alternativa a las reuniones presenciales, pero no es lo mismo…, menos aun cuando hablamos de una vista judicial que exige seguridad jurídica.

Esto que hoy nos parece un escollo, en el futuro será nuestra realidad y seguro que nos acostumbraremos a ello casi sin darnos cuenta.


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