La mal llamada “jornada a la carta”

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Se ha asumido que nuestra legislación laboral otorga a los trabajadores una “jornada a la carta” en aras de conciliar la vida laboral y familiar. De hecho, es vox populi la creencia de que el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, a partir de la modificación de marzo de 2019, da derecho a solicitar adaptaciones de jornada de trabajo de manera incondicionada. Es una creencia errónea y a continuación os contamos por qué.

Aunque ya el propio precepto nos adelanta que las adaptaciones deben ser razonables y proporcionadas también con las necesidades de la empresa (no solo con las del trabajador); es el Tribunal Superior de Justicia de Galicia el que nos ilustra y confirma que no existe una “jornada a la carta” a través de una exquisita fundamentación jurídica en su Sentencia del 5 de octubre de 2020. En este pronunciamiento se confirma la sentencia de instancia que denegó la solicitud de una trabajadora de adaptar su jornada por razones de guarda legal. Dicha solicitud consistía en trabajar en turno fijo de mañanas de lunes a viernes sustituyendo los dos días de descanso iniciales (martes y viernes) por uno (sábado), además de una reducción de su jornada.

El Tribunal expone que lo establecido en el artículo 34.8 ET no concede al empleado un derecho cerrado, sino uno abierto que va a depender tanto de la mencionada razonabilidad y proporcionalidad, como de que el trabajador acredite debidamente las necesidades de adaptación (lo que en este caso no sucede ya que la trabajadora ni acreditó una necesidad, ni mostró una razón para la adaptación). En este último aspecto, apunta el TSJ que la norma nos habla de necesidades y que “no da por supuesto el hecho de la conciliación simplemente por tener un hijo menor de 12 años”.

El propósito del artículo 34.8 ET no es el de obligar a las empresas a adaptar indistintamente su jornada laboral al horario escolar de los hijos de sus empleados por el mero deseo de los progenitores de pasar tiempo con sus ellos. En cambio, la finalidad de la norma es la conciliación entre la vida familiar y laboral de los trabajadores a través del derecho a solicitar una adaptación de jornada condicionada a que la persona trabajadora pueda acreditar una necesidad objetiva de adaptación para hacer efectivo su derecho. En este sentido, se deben poner en una balanza las necesidades empresa-empleado e incluso cabe que la empresa deniegue la solicitud siempre que tenga razones objetivas para ello.

En suma, hay que subrayar que no estamos ante un derecho omnímodo que imponga la adaptación de jornada de manera directa e incondicionada ya que se debe realizar una ponderación entre los intereses de las partes. Por tanto, eliminemos esas erróneas creencias porque no existe una “jornada a la carta”.


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