Cotizar en pijama: manual de uso

Comparte

Érase una vez un equipo de abogados que estaba enfrascado en sacar una socimi a cotizar en el MAB hasta que un buen día, sin previo aviso, su mundo de plazos y reuniones se vio sacudido con tanta fuerza como una embestida de la mismísima Moby Dick: la OMS había declarado pandemia a consecuencia de la propagación del Covid-19 y el Gobierno había decretado el estado de alarma.

Los abogados, de un día para otro, se vieron recluidos, con el portátil instalado en la mesa del salón y las zapatillas de casa en lugar de sus trajes de reuniones. La vida personal y profesional se había complicado hasta el mayor de los extremos, añadiendo un plus de dificultad a asuntos ya de por sí complejos como el que se traían entre manos.

Y aquí arranca el relato de una odisea digna del Capitán Ahab, en la que nuestros abogados tuvieron que improvisar un abanico de remedios y soluciones que a día de hoy están contrastados, pues la sociedad de cuya salida a negociación se ocupaban está en el parqué desde primeros de junio.

La importancia de las comunicaciones.

Sacar a negociación una sociedad es un proceso complejo y transversal donde la coordinación con todos y cada uno de los actores cobra un valor fundamental, en tanto que todos son interdependientes y componen un juego de engranajes que el abogado debe saber orquestar. Por ello, la comunicación fluida y constante es un pilar fundamental del éxito de la operación. Tradicionalmente, esto se suple con reuniones entre los abogados, los abogados y sus clientes y los abogados y los organismos implicados, pero ante la imposibilidad de desplazamientos, reuniones y firmas físicas, nuestros protagonistas optaron por aliarse con la tecnología:

  • Reuniones telemáticas: en un proceso de transformación de la vida societaria como el que representa salir a negociar en un mercado, la comunicación con el cliente y dentro del propio equipo es fundamental. Las reuniones virtuales a través de distintas plataformas han demostrado su eficacia al mismo nivel que las presenciales. Es un hecho que las reuniones telemáticas han venido para quedarse.
  • Firmas electrónicas: la firma de muchos de los documentos requeridos para este tipo de operaciones puede hacerse mediante firmas electrónicas avanzadas. Actualmente el mercado ofrece numerosos productos innovadores en este sentido, pudiendo firmar documentos sin necesidad de un desplazamiento documental (incluso a través de firmas biométricas por voz que con una simple llamada de teléfono consigue un efecto vinculante para las partes con mayor seguridad aún que la firma manuscrita).
  • Plataformas cooperativas: si no hay reuniones que no puedan llevarse a cabo a distancia, tampoco hay documentos que no puedan ser compartidos y modificados en tiempo real. Con ello se eliminaba la fase de envío y revisión posterior a las reuniones dado que el documento en cuestión ya era conocido por todos en unidad de acto.

Estos son sólo algunos ejemplos, entre otros muchos, de que tenemos herramientas a nuestra disposición para llevar a cabo cualquier proceso, por muy complejo que sea, siendo un ejemplo mucho más ilustrativo el éxito de la fusión transnacional de Telefónica con O2-Virgin, que se concluyó íntegramente telemáticamente, escenificando incluso un apretón de manos virtual en la presentación de la operación. 

El papel del Secretario del Consejo de Administración.

Muchas veces se ha puesto en tela de juicio la llevanza profesional de la secretaria del consejo de administración, siendo ejercida en muchas ocasiones, incluso en casos de multinacionales, por personas sin los conocimientos legales adecuados. Pero nuestro Moby Dick particular ha puesto de manifiesto la importancia de la figura del secretario como un aliado que nuestro equipo de abogados utilizó como el mayor de los catalizadores para que los engranajes se movieran. Su capacidad certificadora ha sido fundamental para la mayoría de los procesos que se han llevado a cabo hasta la efectiva salida al MAB certificando, por ejemplo, el contenido del libro de accionistas (antes de que se modificaran los estatutos para pasar a anotaciones en cuenta), el libro de actas, capital social desembolsado, acuerdos adoptados en el seno de los órganos societarios y un largo etcétera.

Algún lector suspicaz estará pensando que estas funciones son las que siempre lleva a cabo el secretario del consejo de administración. Touché. Pero nuestro equipo de intrépidos abogados supo encontrar la función más desconocida y que ha resultado ser la más útil en tiempos de pandemia: la función de reconocer firmas. Lo que puede suponer una función baladí es determinante para la salida a bolsa a distancia. El secretario, mediante diligencia en todo tipo de documentos societarios, desde actas hasta memorias de cuentas anuales, tiene capacidad legal para validar todo tipo de firmas convirtiendo una firma inválida para muchos actores (por ejemplo, auditores, Registro Mercantil, notarías, etc) en válidas. Por supuesto, esta capacidad supone una responsabilidad para el secretario que, supondría una temeridad utilizar discrecionalmente.

El ejemplo más evidente podemos encontrarlo en la combinación entre las firmas electrónicas avanzadas y la función de reconocimiento de firma del secretario mediante diligencia. El Registro Mercantil no acepta, a día de hoy, un informe de administradores, -por ejemplo, en el caso de un aumento de capital por compensación de créditos- firmado electrónicamente. Es sin duda un anacronismo en la época actual que puede solventarse con la mencionada diligencia del secretario dando por válidas las firmas de los administradores, catalizando así un proceso que normalmente sería lento e incluso imposible en estado de alarma; todo ello sin incurrir en ningún riesgo, pues las firmas electrónicas -e incluso biométricas- son plenamente válidas jurídicamente.

Por todo y tras tres meses de dificultades podemos concluir que la bestia de la pandemia, esto es, nuestra “ballena” blanca, tiene un punto débil: la combinación ganadora de tecnología, la ley (con especial mención al régimen de los secretarios de los consejos de administración) y, sobre todo, la capacidad de adaptación.

Todo ello nos invita a reflexionar de nuevo en la historia del obsesivo capitán. No debemos dejarnos llevar por la adversidad y convertir el imposible en nuestra consigna pues, en definitiva, siempre podemos derrotar a nuestros cachalotes particulares, ya sea con un arpón……o en pijama.


Comparte