Agenda 2021: Nuevo escenario en la contratación, ¿a costa de la empresa?

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Uno de los objetivos que ha marcado el Ejecutivo para 2021, y que le llevó a formar un Gobierno de coalición, es la derogación de la reforma laboral de 2012. Entre ellos, y sirviéndonos de las recientes declaraciones de la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, se encuentra el de impulsar la estabilidad del empleo a través de la limitación de las modalidades contractuales que hasta ahora conocemos. 

Pretenden desde el Ministerio, con algunas variaciones, limitar las modalidades de contratación a tres ya existentes: el contrato indefinido; el contrato temporal y el contrato formativo. El primero de ellos, deberá ser el que se estile por defecto, como norma general, excepto para aquellas personas que no tengan experiencia laboral, para las que está destinado el formativo, con una duración limitada. La controversia surgirá con la contratación temporal.

Desde el Ministerio han asegurado que el contrato temporal deberá obedecer a una causa justa de temporalidad que no pueda ser cubierta con un contrato indefinido. No es extraño pensar que esta es precisamente la definición que hoy en día encontramos en el Estatuto de los Trabajadores, y que un escenario idílico conllevaría que se cumpliese estrictamente para esta finalidad, pero menos extraño es abrir los ojos y presenciar que el mercado laboral español no es la panacea. Precisamente España es el país con la tasa de temporalidad más alta de la UE, la segunda tasa de paro más alta y el país con más personas desempleadas en cifras absolutas.[1]  

Esto también ha quedado reflejado en la reciente Sentencia del Tribunal Supremo, de 29 de diciembre de 2020, la cual ha revolucionado el criterio asentado por la Sala Cuarta con base, entre otras cuestiones técnicas, en que “dentro de las enormes tasas de temporalidad de nuestro país se evidencia que la modalidad del contrato para obra o servicio determinado es el que alcanza un índice más elevado de utilización. Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas revelan que la media de personas asalariadas en los cuatro trimestres de 2019 fue de 16.679.500, de las cuales 4.376.900 lo eran como temporales y, entre ellos, 1.653.900 estaban contratadas a través del contrato para obra o servicio determinado. Es más, durante el mes de noviembre de 2020, alrededor del 46% de dichos contratos para obra o servicio de determinado se daba en el sector servicios.”

Las líneas del Gobierno son claras; fomentar la contratación indefinida, simplificando las posibles variantes de contratación, y reducir el número de contratos temporales, que suelen conllevar mayor incertidumbre, inestabilidad y precariedad laboral. ¿Objetivo viable? En los próximos meses seremos testigos de los mecanismos que empleará el Gobierno para proponer al Legislativo la introducción de medidas que ayuden a alcanzarlo.

Estos objetivos, sin embargo, llegan cargados de obligaciones para el empresario, situándolo en una coyuntura cuanto menos desalentadora, que sumada a la tempestad que vienen soportando podrá incluso acabar con muchos de ellos, pues reconozcamos que una empresa, a pesar de poder realizar una labor social para sus clientes, debe tener unas cuentas saneadas y un beneficio que haga las veces de incentivo y de recompensa. 

Por ello, y sin dejar de compartir las líneas generales de la agenda 2021, pues todos anhelamos la estabilidad laboral y una tasa de ocupación que sitúe al desempleo como algo residual, consideramos que debe ser el Ejecutivo quién dé el primer paso, a través de los siguientes aspectos:

  • Estabilidad y seguridad: jurídica, política, social y económica.
  • Incentivos para las empresas: en materia fiscal, seguridad social y costes.
  • Garantías para que los empresarios y trabajadores no se sientan desamparados o enfrentados ni entre ellos ni con el Gobierno.

Lo que sin duda nos augura este 2021 son una serie de cambios que pueden ser históricos en lo que a la última década respecta, por lo que quedamos expectantes ante el avance de los acontecimientos, el encaje legal de los mismos, la respuesta de los agentes sociales y, principalmente, su consolidación, o no, en el tiempo.


[1] Romero Moran, A. (02 de enero de 2021). La derogación de la reforma laboral. Público.

  Recuperado de: https://www.publico.es/


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